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La Fotografía y la IA: ¿Un Duelo de Titanes?. No lo creo …..

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En la era digital, la inteligencia artificial ha irrumpido con fuerza, desafiando incluso a la fotografía. A primera vista, la IA nos ofrece un camino hacia la perfección: imágenes impecables, composiciones fotorrealistas e incluso la posibilidad de recrear momentos que nunca existieron. Esta nueva herramienta ha ganado popularidad en las redes sociales, pero ¿qué se esconde detrás de esa perfección?

Como aficionada a la fotografía, y sin ser una experta en tecnología, me interesa rescatar el valor de lo imperfecto y lo auténtico. La IA es, sin duda, una herramienta poderosa, una extensión de la tecnología que facilita la creatividad. Sin embargo, su rol es el de un ejecutor, no el de un creador.

Pixel y Corazón

La gran diferencia radica en el proceso. Mientras la IA genera imágenes calculando en datos y algoritmos, el fotógrafo las captura al experimentar el mundo. Un algoritmo no puede sentir la brisa de una playa o el bullicio de una ciudad; no tiene la capacidad de reaccionar ante lo inesperado, ese “factor sorpresa” que a menudo enriquece la fotografía de calle o de naturaleza.

El “factor sorpresa” humano se manifiesta en la serendipidad, los errores y las imperfecciones que le dan a una imagen su carácter único. Una luz inesperada, una sombra perfecta o un gesto espontáneo capturado en el momento preciso son elementos que la IA no puede replicar, porque simplemente no tiene la capacidad de estar en el lugar y momento adecuado.

La Fotografía un testimonio del alma humana

Entonces, ¿dónde queda el fotógrafo profesional? Su trabajo va más allá de un simple clic. Su ritual de preparación, la elección de la lente y la ráfaga de flashes buscan capturar la esencia de un momento, un sentimiento, una historia. La fotografía artística es un medio para expresar una perspectiva única del mundo.

Como dijo el maestro Henri Cartier-Bresson : “Fotografiar es colocar la cabeza, el ojo y el corazón en un mismo punto de mira”. Esta frase resume la esencia del oficio: no basta con la técnica. Se necesita la cabeza para la composición, el ojo para el “momento decisivo” y, sobre todo, el corazón para la emoción y la conexión personal con lo que se fotografía. Es esta combinación de intelecto, intuición y empatía lo que hace de una fotografía algo más que una simple imagen.

“Todos queriendo hacer arte, sin entender que todos somos arte”   

Al observar las imágenes, es evidente distinguir la obra de la Inteligencia Artificial de la fotografía auténtica capturada por el artista. La imagen generada por IA, al recrear una “obra de arte”, persigue una perfección estética. Su estilo denota las pinceladas claras y texturas del óleo o acrílico, logrando una composición visualmente impecable. Sin embargo, esta perfección es superficial: la obra carece de alma; el rostro y la expresión corporal resultan vacíos, sin la complejidad y el detalle de una emoción genuina.

En cambio, la fotografía de Giovanni es un testimonio de la realidad y el esfuerzo humano. El fotógrafo logró capturar el clímax del lugar, destacando las texturas ásperas del suelo rocoso, el matiz arenoso del entorno, la pintura de fondo y la dificultad de acceso a ese espacio. Más allá del paisaje, el retrato de la modelo es un estudio de la vulnerabilidad: Se aprecian las imperfecciones del cuerpo, los pliegues de la piel desnuda, su rostro refleja el cansancio y la preocupación de una espera larga que ella y Giovanni conocían, el brillo y el opaco revelan un alma más que desnuda.

Esta profundidad, esta capacidad de mostrar el dramatismo y la verdad del ser, invita a una interpretación rica y personal por parte de cada observador. Sin lugar a duda, es esta autenticidad y expresividad humana lo que la Inteligencia Artificial jamás podrá replicar.

No se trata de decir que la inteligencia artificial es mala, sino de rescatar la autenticidad de una fotografía capturada con una lente. Esta nos muestra, en cada detalle, un aspecto de la realidad que un algoritmo no puede simular. Al final, la fotografía es y siempre será un testimonio del alma humana.

Fotografía Vernácula vs. IA: El ‘Engagement’ No se Programa, se Vive

A todo esto, entonces nos preguntaremos ¿para qué el uso de la IA? 

Imaginen que encuentran el álbum de boda de sus padres; fotografías vernáculas (silvestres dijera el Doctor Oscar Colorado), pero que ahora que las observan pueden ir construyendo cómo quizás fue ese día, pues no habían nacido. 

De fondo, se encuentra ese tío que ya pasado de copas es gracioso y en ocasiones impertinente, pero esta vez, salvo un baile muy chistoso al calor de un ron con coca ( historia recurrente en las reuniones de fin de año), se comportó muy bien, y ¿qué hay de esa otra foto? donde su madre tiene la boca ligeramente manchada con pastel, y su padre, con una muy linda sonrisa le limpia ante la mirada perpleja de los invitados, ¿seguirá un beso?, ¿Seguirá una mirada timorata?… fue un beso, su madre ya les ha dicho en algún momento que no se había dado cuenta y su padre un día reparando el auto comentó que, incluso pensó en quitar el chantilly con el mismo beso, su padre, menos chistoso que su tío pero igual de ocurrente.

Que guapos lucen mamá y papá junto a sus amigos de toda la vida, salvo por el señor de la orilla derecha todo es perfecto; y es que nadie sabe quién lo invitó, pero ya saben cómo eran las bodas de antes en el pueblo, se hacían para 50 personas y para la noche ya eran 80, en fin, afortunadamente se encontraba en una orilla y con solo doblarla la imagen queda como debería ser, pero si la desdoblas aparece el colado y se vuelve anécdota.

Ver a una mujer y un hombre en su boda ante miradas perplejas no es precisamente gracioso y tierno a la vez, pero cuando sabes lo descuidada de ella y lo ocurrente de él, puedes entender porque esas miradas y puedes sentirte casi en los zapatos de los sujetos, hay un engagement con el momento, estás interactuando, la semi subjetividad hace alarde de su llegada, ahora si ya es gracioso y tierno a la vez.

Producir imágenes muy pulcras ha sido un trabajo que gustará más o gustará menos. En mi opinión personal; ¿quién tiene esa piel tan tersa?, ¿Dónde está la pequeña pancita?, ¿Y la gente en ese puente tan concurrido?.

Y no me mal entiendan, ya tocamos el tema de la finalidad en la imagen y cuando el fin es lucir perfecta o perfecto se entiende, cuando el fin es tener un gran “maridaje” (permítanme la licencia de la palabra), con la obra arquitectónica está bien, cuando el fin es crear algo que solo está en la mente está bien hacer dobles exposiciones, pero ¿cuál sería el fin último de dar instrucciones a una IA para generar una imagen de la boda de sus padres?.  Piénsenlo de esta manera, en nuestro ejercicio anterior describimos algo que bien puede formar parte de la realidad y cada uno de ustedes relacionó dependiendo su cultura y vivencias aún tío chistoso, a una novia y un novio familiares, tal vez al fondo, el salón era uno conocido o era la casa de alguna tía, pero incluso en un ejercicio mental hay detalles que enganchan, hay detalles que nos hacen sentir.

En mi opinión las pieles imperfectas son parte de la realidad, los errores nos hacen humanos, las cosas a las que le atribuimos un alma no gozan de perfección; realidad, humanidad y Alma, tres cosas que por lo menos de momento no puede generar una IA, pero vaya que hace muy buenos trabajos.