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Sebastián Montiel – Poesía y Manifiestos

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José Sebastián Montiel Rodríguez. (Pachuca de Soto, 1989) es un poeta mexicano cuya vida y obra son testimonio de resiliencia, sensibilidad y amor al arte. Nacido el 21 de julio de 1989 en Pachuca, Hidalgo, Sebastián creció rodeado de libros –regalos constantes de sus padres– y descubrió desde niño en la música y la literatura un refugio y una vocación.

A pesar de tener cuadriparesia espástica, ha convertido su “diferencia física” en motor creativo y en fuente de inspiración para otros. Es Licenciado en Administración y Sistemas Computacionales y Maestro en Administración de Negocios por el Centro Universitario Hidalguense, logros académicos que alcanzó con honores, demostrando que “la parálisis cerebral no es un obstáculo” y que “ha quedado demostrado que la discapacidad no lo limita, al contrario, es un motor que me impulsa día a día”.

“Toda lucha es un gramo de arena que surgió en el pasado. Luché por mí en lo que me propuse hacer; el objetivo no era aprender o capacitarme para ser un profesionista solamente”, declaró Sebastián al graduarse, consciente de que su camino personal estaría ligado a una misión artística más profunda.

Desde muy joven abrazó su destino literario: escribió su primer cuento, “La boa y los animales”, a los 14 años (2003), y en 2010 compuso su primer poema titulado “Vuelo”, dando inicio formal a su sendero poético.

Aquellos primeros años estuvieron marcados por la constancia y el deseo de pulir, decantar, tensar, tallar sus palabras. Tomó talleres literarios con reconocidos escritores como Diego José, Agustín Cadena y Mijail Lamas, quienes le ayudaron a afinar su voz poética.

En casa, sus padres –José Guadalupe Montiel (1956-2022) y María del Carmen Rodríguez (1959)– alentaron su amor por las letras; su padre, profesor de etimología e historia del arte, incluso escribió una oda dedicada a su madre, siembra la semilla poética en Sebastián.

De niño, Sebastián se divertía modificando las letras de canciones pop (Gloria Trevi, Timbiriche, Juan Gabriel) con traviesa creatividad, preludio quizá de esa voz propia y rebelde que afloraría en sus textos años después.

Vocación literaria y participaciones en revistas y antologías

La trayectoria literaria de Sebastián Montiel despega en la década de 2010, primero con pequeñas publicaciones en revistas locales y luego trascendiendo fronteras. Entre 2012 y 2013 colaboró con poemas en Revista Principal de Acapulco y en la Revista TN de Pachuca, además de una revista literaria de Aguascalientes.

Pronto llegaría el reconocimiento en su tierra natal: en 2014 fue incluido como autor en la antología de poesía y narrativa del Primer Encuentro de Escritores Hidalguenses (CAF), una compilación que reunió voces emergentes del estado. A partir de entonces, su poesía –íntima a la vez que universal– comenzó a aparecer regularmente en diversos medios impresos y digitales.

En años recientes, Montiel se ha convertido en un poeta prolífico y publicado en múltiples revistas literarias de México y otros países. Ha compartido sus versos en la revista Círculo de Poesía (Puebla), el Periódico Poético (Guerrero), Vislumbre (Ciudad de México), Gatomadre, Blanca Móvil, Aleteo Poético (CDMX), así como en espacios internacionales: la revista digital Escritores Rebeldes de Bogotá, la revista Espejo Humeante (proyecto México-Chile), la revista hispanoamericana De Sur a Sur (España) y la revista Aluna Jabara de Morelos, entre otras. Estas colaboraciones demuestran la versatilidad y alcance de su voz.

En Círculo de Poesía, por ejemplo, se presentaron varios de sus poemas de juventud en 2023, mientras que revistas como Blanco Móvil y Espejo Humeante han difundido sus textos más recientes, incluyendo adelantos de sus libros.

Montiel también figura en la plataforma Escritores Rebeldes, donde lo definen como “poeta y narrador” y destacan su trayectoria como un ejemplo de constancia creativa.

A lo largo de este camino, Sebastián ha bebido de muchas influencias literarias. Él mismo reconoce la impronta de grandes poetas en su formación: José Emilio Pacheco, Jorge Luis Borges, Alejandra Pizarnik, Gabriela Mistral, Rosario Castellanos, Walt Whitman, entre otros, pueblan su imaginario y a veces son evocados en sus versos.

Incluso íconos del rock en español como la banda La Ley han dejado eco en su poesía. Sin embargo, lejos de imitar, Montiel transforma estas inspiraciones en algo propio: su poesía es confesional y testimonial, profundamente humana, convertida en puente entre su mundo interior y el lector.

“Inevitablemente, todo poeta responde al mundo que lleva adentro —un mundo de sensibilidad que requiere pasar por el tamiz de lo poético hasta embellecerse para conmover a otros—”, escribe Diego José en el prólogo de uno de sus libros.

En el caso de Sebastián, ese mundo interior está marcado por la memoria familiar, la reflexión sobre la diferencia y una paciencia casi espiritual que ha nutrido su arte. No por nada, se alude a una “paciencia rilkeana” en su proceso creativo, recordando el consejo de Rainer Maria Rilke de que “paciencia es todo” para aquel que se inicia en la poesía.

Sebastián ha hecho suyo ese consejo: ha abrazado la soledad, pulido cada palabra con calma, soportado el dolor y transformado sus vivencias en belleza poética. Sus poemas son, en efecto, manifestaciones de resiliencia y de una sensibilidad a flor de piel.

Sus libros

Cataratas del Tiempo (2023): Memoria, sueños y poesía vital

Portada de Cataratas del Tiempo (2023), primer poemario de Sebastián Montiel, editado por Big Bang Ediciones.

Fuente: Big Bang Ediciones

El debut literario de Sebastián Montiel llega con Cataratas del Tiempo, publicado en marzo de 2023 por Big Bang Ediciones. Este poemario es un viaje lírico a través de los recuerdos y las emociones que marcan una vida.

En palabras de una reseña cultural, “los poemas se entrelazan como hilos que forman la vida. Los recuerdos, ya sean vívidos o desvanecidos, son cruciales en la construcción de la obra”.

Montiel captura en estos versos la esencia de sus seres queridos para mantenerlos anclados a su memoria, dándoles forma de palabra y eternidad. Es un libro profundamente personal, donde la escritura se vuelve un acto de amor y resistencia contra el olvido.

Cataratas del Tiempo sorprende por la madurez y la honestidad de su voz poética. A lo largo de sus páginas (64 páginas en la edición original), el autor reflexiona sobre el paso del tiempo, la infancia, la pérdida y el anhelo de libertad.

Uno de los poemas más conmovedores del libro es “Sueño vitalicio”, en el que Sebastián imagina, durante una noche taciturna, que

“no era un paralítico: era como escapar de mi cuerpo
sin dolencia ni cicatrices”.

En este sueño poético, el hablante se ve a sí mismo tocando el piano libremente, danzando con pensamientos azules al viento, “haciendo todo sin depender de nadie”, hasta despertar de nuevo a la realidad de su cuerpo limitado.

El poema cierra con un grito desgarrador que resume el sentimiento: “¡El dolor es vitalicio!”, una afirmación cruda que sin embargo viene cargada de valentía, pues en la siguiente vida –parece sugerir– espera “renacer en una nueva libertad”. Estos versos, honestos y descarnados, permiten al lector asomarse a la intimidad del poeta, a su dolor y a su esperanza.

No todos los poemas de Cataratas del Tiempo son melancólicos; también hay en ellos asombro y ternura. Sebastián dedica líneas a la naturaleza y a figuras admiradas. En “En la playa” contempla el mar al atardecer con ojos maravillados, y en “A Octavio Paz” dialoga con el gran poeta mexicano, leyéndolo al amanecer, dejándose influir por “tus signos paradójicos en el manto de los sueños”.

Otro poema destacado es “El perro entre letras”, un entrañable homenaje a una mascota y compañero de lecturas: en él, un perro vagabundo entra al cuarto del poeta y se acuesta sobre los libros de poesía abiertos, como si absorbiera y viviera entre las letras. El poema mezcla fantasía y realidad, pues luego revela que ese amigo de cuatro patas ya no está: “aunque ya pasaron ocho años, tu ausencia se replica en el vacío…”, dice el poeta evocando la memoria de su perro fallecido, a quien llora bajo un “diluvio de la tarde” que homenajea su recuerdo.

Momentos así confirman el tema central del libro: la memoria afectiva. Sebastián rescata instantes, personas y seres queridos del pasado (la abuela, la mascota, los padres) y les rinde tributo poético, para que “permanezcan anclados a su memoria” y no se los lleve la catarata del tiempo.

En cuanto al estilo, la crítica ha señalado que Cataratas del Tiempo es “el resultado de una paciencia rilkeana”, en alusión a la influencia de Rilke que mencionábamos. El propio prologuista, Diego José, destaca cómo Sebastián ha sabido habitar “la gran soledad interior” necesaria para crear, puliendo cada poema con dedicación.

El lenguaje del libro es sencillo pero cargado de imágenes sugerentes; los versos fluyen libres, sin ataduras métricas estrictas, en concordancia con “el sentir del poeta”. Montiel privilegia la sinceridad y la musicalidad natural de sus pensamientos. Por ello, la lectura de Cataratas del Tiempo se siente cercana y emotiva.

La recepción de este poemario en el ámbito literario hidalguense fue cálida: el libro se presentó en octubre de 2023 en el Centro Cultural del Ferrocarril de Pachuca, en una lectura en voz alta donde familiares y lectores acompañaron al autor en la celebración de este sueño cumplido.

En esa ocasión, se resaltó el carácter “imperdible” de esta ópera prima por la mezcla de aventura y misterio que contiene, y quedó claro que Sebastián Montiel había llegado a la poesía para quedarse.

“Todos avanzamos con los días,
en cada trecho
a través de ríos de anécdotas,
para terminar
en las mismas cataratas del tiempo”

–Versos que abren el poemario Cataratas del Tiempo (2023) de Sebastián Montiel–

Manifiestos (2024): La voz que se manifiesta y alza el vuelo

Portada de Manifiestos (2024), segundo poemario de Sebastián Montiel, ilustrado con símbolos de lucha y vida. Fuente: Big Bang Ediciones

Si Cataratas del Tiempo fue una introspección sensible sobre la memoria personal, Manifiestos, su segundo poemario publicado en junio de 2024 (también por Big Bang Ediciones), representa la afirmación plena de su voz poética en el mundo.

Dedicado “a las personas con discapacidad”, este libro es al mismo tiempo un grito y un abrazo: un grito de lucha, de quien alza la voz por sí mismo y por otros, y un abrazo solidario que invita a la inclusión y la empatía.

Según la descripción editorial, en Manifiestos Sebastián “relata, con poesía, experiencias en un tono alegre o burlesco hasta grados afligidos o melancólicos”, explorando distintos matices emocionales.

Los poemas del libro son testimonios de su condición espástica –Sebastián habla sin tapujos de su vida con parálisis cerebral– y a la vez trascienden lo personal para volverse manifiestos universales sobre la dignidad humana. Las líneas de Manifiestos corren libres, “quedan libres de ataduras acentuales”, reflejando formalmente la libertad interior que el poeta ha conquistado.

El título Manifiestos es muy adecuado: cada poema del libro es como una proclama o declaración de principios poéticos y vitales. En el poema homónimo, “Manifiéstate”, Sebastián exhorta a manifestarse con fuerza y sin miedo. “Manifiéstate con un corno, y haz caer densos manifiestos, regándolos a la Tierra”, clama en los primeros versos. Es una invitación casi bíblica a hacer llover manifiestos –que simbolizan verdades, memorias, melodías, desolaciones– sobre el mundo, para sacudirlo.

A lo largo del poema, el autor enumera diversos orígenes desde donde uno debe manifestarse:

“desde la uña ya cortada,
desde el mar sereno…,
desde la justicia de los injustos, …
desde un ciego que contempla con sus oídos,
desde las llagas que asoman en la piel”.

Estas imágenes poderosas aluden claramente a su propia condición, transformándola en fuente de revelación poética.

Hacia el final, el tono se vuelve urgente:

“no pares, no pares” –repite–“levanta el asta del manifiesto;
ondea a la muerte,
hazla volar como cóndor…”.

Sebastián personifica a la muerte como algo a lo que enfrentar sin temor, agitando su cordura en el cosmos para vencer la tristeza. El poema concluye con imágenes de manifiestos que “vuelan y saltan de patria en patria”, evidenciando la vocación de universalidad de su mensaje.

La crítica ha señalado que Manifiestos es una obra valiente y necesaria. Daro Soberanes, en la presentación del libro, destaca que la “condición especial de vida” del autor lo obliga a darse voz a sí mismo y a dar voz a tantas personas con la misma condición.

En estos poemas –añade Soberanes– el lector comprende “la importancia de hacer partícipe con plena inclusión dentro de cualquier actividad social a toda persona con alguna discapacidad. No mirar a otro lado, y siempre, siempre mirar de frente… con afecto y respeto”. Esta reflexión resume la esencia de Manifiestos: el libro es, en sí, un acto poético de inclusión. Montiel nos pone frente a frente con su mundo, nos pide que lo miremos a los ojos y que escuchemos su canción, que es la de muchos. Así, el poemario trasciende la literatura para convertirse en un llamado ético y humano.

En cuanto al contenido, Manifiestos exhibe una mayor diversidad temática que el primer libro. Montiel juega con tonos lúdicos, sarcásticos y críticos. Por ejemplo, el poema “El Destructor” narra con ironía la historia de un joven que rompe todo lo que toca, metáfora quizá de la frustración y la rabia contenida (“sus manos bárbaras… agarran aquellas cosas… sus pertenencias, como el tigre que rasga sin entenderlo”).

Por otro lado, “Los aludidos” es un poema de tinte social y político, donde el poeta arremete contra los falsos líderes: “aman y alaban al dinero como un dios… son camaleones henchidos de hueca vocación” – versos que revelan su faceta crítica ante la corrupción.

Junto a estos, encontramos piezas de profundo lirismo intimista, como “El zanate en el tinaco”, poema inspirado en un pájaro negro que visita su casa cada mañana. En este texto, Sebastián dialoga con el ave solitaria, preguntándole si es feliz viviendo con ese plumaje negro que otros desprecian, a lo que el zanate solo responde: “No te entiendo”. Esta escena, a la vez tierna y melancólica, parece reflejar la propia sensación del poeta frente a un mundo que no siempre entiende la diferencia, pero con el que él insiste en comunicarse.

Un aspecto notable de Manifiestos es su sentido del humor y su vitalidad. Aun cuando aborda el dolor (que lo hace), el tono de Sebastián a ratos es juguetón, lleno de alegorías inesperadas y cierta picardía. Esta combinación de alegría y aflicción, de burla y melancolía, da al libro un equilibrio emocional atractivo.

Como indica la sinopsis editorial, las experiencias contadas van “de un tono alegre o burlesco” hasta “grados afligidos o melancólicos”, mostrando las muchas caras del autor.

Al final, Manifiestos deja una sensación de esperanza combativa. Es, en efecto, un manifiesto de vida: la prueba de que la poesía puede surgir de la adversidad y transformar esa adversidad en arte que ilumina.

“Retoma las pancartas del manifiesto
corriendo en las arterias del tiempo;
no pares, no pares
que a los alevosos segundos les vale.
Levanta el asta del manifiesto;
ondea a la muerte,
hazla volar como cóndor…”

Un poeta de alma luminosa y futuro prometedor

La obra de Sebastián Montiel, aún en sus inicios publicados, ya deja una huella indeleble en la literatura contemporánea de Hidalgo y México. Sus dos poemarios, tan personales y a la vez tan abiertos al mundo, han resonado con lectores diversos. La crítica local lo considera “un joven poeta, ejemplo de vida”, y es fácil entender por qué: en cada verso suyo palpita una autenticidad y una humanidad que conmueve.

Sebastián Montiel se define a sí mismo como un “poeta testimonial”, y ciertamente su poesía testimonia no solo su experiencia individual (su lucha diaria con la discapacidad, sus recuerdos familiares, sus sueños), sino también verdades universales sobre la condición humana, el amor, la pérdida, la justicia y la esperanza.

Con su voz serena pero firme, Sebastián ha logrado integrarse plenamente en el panorama literario. Ha leído sus poemas en ferias del libro, presentaciones en librerías e incluso en eventos virtuales, compartiendo escenario con otros poetas y ganándose el cariño del público.

Sus textos aparecen ya en antologías y sitios web de diversos países, cumpliendo aquel verso suyo de “van y vienen los manifiestos; se estacionan en todas partes… vuelan y saltan de patria en patria”. Para un autor que escribe “yo soy yo y mis circunstancias” –parafraseando a Ortega y Gasset en el epígrafe de Manifiestos–, es inspirador ver cómo sus circunstancias han encontrado eco en la empatía de tantos lectores.

Actualmente, Sebastián Montiel trabaja en su siguiente poemario y continúa formándose en talleres literarios, tanto presenciales como en línea. Su sed de aprendizaje y creación no se detiene. Al igual que el mar sereno de uno de sus poemas, cada mañana su inspiración “se manifiesta” nuevamente, dispuesta a convertir la vivencia cotidiana en poesía.

Con una escritura sensible, profunda y valiente, Sebastián está forjando una carrera que promete seguir emocionándonos. En sus versos late la voz de alguien que ha mirado de frente al dolor y, pacientemente, lo ha convertido en belleza.

Sebastián Montiel nos enseña que la poesía, cuando nace del corazón y la verdad, derriba obstáculos, une a las personas y trasciende el tiempo. Sus cataratas de recuerdos y sus manifiestos de vida quedarán como testimonio de una alma que supo transformar la adversidad en arte. Y nosotros, lectores afortunados, podemos asomarnos a su mundo poético para dejarnos empapar por su luz.