El regreso temporal del Códice Azcatitlán a México es una noticia extraordinaria. Después de casi dos siglos fuera del país, el manuscrito que resguarda la Biblioteca Nacional de Francia puede verse en el Museo Nacional de Antropología. El préstamo forma parte de un intercambio cultural: México, a su vez, envió a Francia el Códice Boturini. [1]

Pie de foto: «Escena del Códice Azcatitlán. Original: Biblioteca Nacional de Francia. Imagen disponible en Wikimedia Commons».
Desde Tizayuca, la noticia despierta entusiasmo, pero también una pregunta incómoda: si esa misma biblioteca resguarda un códice fundamental para conocer la historia de nuestro municipio, ¿qué hemos hecho para acercarlo a quienes vivimos aquí?
Hablamos del Códice de San Salvador Tizayuca. No es el Azcatitlán ni formó parte del intercambio reciente. Es un conjunto documental que habla de nuestro territorio, sus barrios, sus gobernantes y sus tierras. Una investigación publicada por la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH) estudia el manuscrito, reproduce sus láminas y señala que los documentos identificados como 419_5 y 419_6 se encuentran en el acervo de la Biblioteca Nacional de Francia. [2]

Dos códices, dos maneras de acercarnos al pasado
El Códice Azcatitlán presenta una narración sobre el devenir mexica: la migración desde Aztlán, sus gobernantes, la conquista y la evangelización. Su visita a México demuestra lo que puede conseguir una colaboración entre instituciones culturales de dos países. Es una oportunidad para observar el manuscrito original y discutir las historias que contiene. [1]
El Códice de San Salvador Tizayuca nos plantea preguntas más cercanas. ¿Cómo se representaba este territorio? ¿Qué barrios y parajes aparecen en sus páginas? ¿Qué personajes fueron incluidos en su relato? ¿Por qué era importante dejar constancia de las tierras de la comunidad?
De acuerdo con Sergio Sánchez Vázquez y María Angélica Galicia Gordillo, autores del estudio editado por la UAEH, el manuscrito pertenece a la serie Techialoyan y fue elaborado en la primera mitad del siglo XVIII. Sus textos e imágenes forman parte de una historia relacionada con la identificación y delimitación de las tierras de San Salvador Tizayocan. El mapa conservado como documento 419_6 complementa esa información. [2]
Esto también exige una lectura cuidadosa. El códice fue elaborado en una época concreta y presenta una versión del pasado útil para comprender cómo una comunidad narraba su origen, sus autoridades y sus derechos territoriales. No debemos convertir cada escena en una verdad incuestionable. Estudiar la historia implica preguntar quién produjo un documento, cuándo lo hizo y con qué propósito.
Entre las figuras representadas aparece Huitzilihuitl, a quien el estudio de la UAEH relaciona con las narraciones sobre los orígenes de Tizayocan y los mexicas. También aparecen lugares y personajes que abren posibilidades para investigar los antiguos barrios del municipio. No hablamos de una curiosidad reservada a especialistas: hablamos de una fuente que podría alimentar conversaciones en nuestras escuelas, bibliotecas y espacios comunitarios. [2]
Un nombre en el festival, un documento lejos de la conversación

Pie de foto: «Representación de Huitzilihuitl en la lámina 419_5_03 del Códice de San Salvador Tizayuca. Original: Biblioteca Nacional de Francia. Reproducción digital: Proyecto Amoxcalli».
Tizayuca organiza un Festival de Fomento a la Lectura y la Cultura llamado Huehue Huitzilíhuitl. El municipio también celebra el Festival Internacional de Poesía Ignacio Rodríguez Galván. Son encuentros capaces de reunir lectores, artistas y visitantes; honrar al poeta tizayuquense tiene un valor indudable. [4][5]
La contradicción aparece cuando el orgullo por la historia local se expresa con fuerza en los nombres de los festivales, pero cuesta encontrar una estrategia pública y sostenida para estudiar y divulgar sus fuentes. ¿Cuántos asistentes al festival Huehue Huitzilíhuitl saben que pueden consultar la lámina del códice donde aparece este personaje? ¿Cuántos conocen el estudio publicado por la UAEH? ¿Qué materiales quedan a disposición de los estudiantes después de que se retiran los escenarios?
Un nombre antiguo en un cartel puede despertar curiosidad. Para responder a esa curiosidad hacen falta investigadores, guías de lectura, reproducciones autorizadas y espacios donde se puedan discutir distintas interpretaciones. Un festival de fomento a la lectura tiene una oportunidad excepcional: enseñar también a leer los documentos que narran el pasado del lugar donde se celebra.
Tizayuca no carece de actividades culturales. Lo que debemos preguntarnos es qué conocimiento nuevo dejan esas actividades. Cuando una agenda se llena de ceremonias, invitados, fotografías y discursos, resulta legítimo examinar cuánto tiempo y presupuesto se dedica a proyectos que permanezcan: archivos accesibles, publicaciones, talleres, investigación y materiales para las bibliotecas.
La repetición de homenajes a Ignacio Rodríguez Galván tampoco debería reducir la historia cultural del municipio a una sola figura. Su obra merece leerse y estudiarse. También merecen atención las voces indígenas, los documentos territoriales, las memorias de los barrios y las preguntas que el códice plantea. Un festival internacional puede ampliar horizontes; una política cultural local debe, además, ayudar a que conozcamos el suelo sobre el que estamos parados.
Cabe cuestionar, asimismo, cuándo un evento cultural se convierte en escaparate de funcionarios o de invitados elegidos por su cercanía con una agenda política. Esta es una crítica a las prioridades y a la transparencia de la programación, no una descalificación de todos los artistas o participantes. Las autoridades pueden responder publicando los criterios de selección, los costos, los objetivos y los resultados de cada encuentro. La ciudadanía tendría así elementos para evaluar qué se invierte en la celebración y qué se invierte en conocimiento duradero.
Sí hay investigación; falta llevarla más lejos
Sería injusto afirmar que nadie ha trabajado por el Códice de San Salvador Tizayuca. El libro de Sánchez Vázquez y Galicia Gordillo existe y puede descargarse desde el repositorio de la UAEH. El Proyecto Amoxcalli permite consultar en línea las láminas del documento 419_5 y el mapa 419_6. Estos esfuerzos académicos y de acceso digital deben reconocerse. [2][3]
Precisamente porque ya existen, la pregunta al gobierno municipal es más concreta: ¿qué ha hecho para ponerlos al alcance de los barrios, las escuelas y las bibliotecas de Tizayuca?
Durante la preparación de este artículo no identificamos una ruta municipal anunciada para solicitar un préstamo del manuscrito original, impulsar un intercambio cultural en torno a él o mantener un programa local de divulgación. Eso no prueba que jamás haya existido alguna conversación o gestión. Si la hay, sería valioso que las autoridades informaran quién participa, qué se ha solicitado, qué respuesta se ha recibido y cuáles son los siguientes pasos.
La historia no se vuelve accesible sólo porque un archivo esté en internet. Una persona puede desconocer que existe, no saber dónde buscarlo o necesitar ayuda para comprender qué observa. Por eso hacen falta mediadores, materiales claros y actividades continuas. Una reproducción acompañada por una buena explicación puede abrir más preguntas que una conferencia aislada destinada únicamente a la fotografía del día.
¿Repatriación, préstamo o acceso local?
El caso del Azcatitlán abre una posibilidad, pero no garantiza que el códice de Tizayuca pueda viajar de inmediato. Su exposición en México es temporal y respondió a un acuerdo entre gobiernos e instituciones responsables de conservar los manuscritos. Pedir un préstamo del Códice de San Salvador Tizayuca requeriría una gestión propia y conocer las condiciones fijadas por la Biblioteca Nacional de Francia. [1]
La repatriación definitiva es un objetivo distinto y merece una discusión seria sobre la historia del documento, su procedencia, su custodia y las vías de cooperación internacional. No sería responsable prometerla como si dependiera únicamente de la voluntad del ayuntamiento. Tampoco sería aceptable usar esa dificultad como excusa para no hacer nada.
Tizayuca puede comenzar con acciones verificables:
- Reunir a especialistas y comunidad. Convocar a los investigadores de la UAEH, instituciones culturales, docentes y habitantes de los barrios vinculados con el documento.
- Publicar una guía de acceso. Explicar dónde se descarga el libro, cómo se consultan las láminas en Amoxcalli y qué preguntas históricas permiten explorar.
- Organizar una exposición local de reproducciones autorizadas. Presentarla en bibliotecas, escuelas y espacios comunitarios, con información sobre la fecha del códice, su función y sus distintas interpretaciones.
- Abrir una gestión institucional. Consultar formalmente las condiciones para colaborar con la Biblioteca Nacional de Francia, con acompañamiento de las instituciones mexicanas competentes.
- Informar avances y recursos. Dar a conocer los documentos enviados, las respuestas recibidas, el presupuesto utilizado y los resultados educativos y editoriales del proyecto.
Estas tareas no exigen esperar la llegada del original para comenzar. Exigen voluntad, continuidad y la decisión de tratar la historia local como algo más que un recurso para adornar discursos.
El Códice Azcatitlán cruzó el océano para encontrarse temporalmente con el público mexicano. El de San Salvador Tizayuca permanece en Francia, pero su estudio y sus imágenes ya pueden llegar a nuestro municipio. Si de verdad nos enorgullecen nuestras raíces, hagamos que sus documentos se lean, se investiguen y se discutan aquí. La historia de Tizayuca merece más que aparecer en el nombre de un festival.
Fuentes y lecturas
[1] Secretaría de Cultura y Secretaría de Relaciones Exteriores, «Después de casi 200 años, el Códice Azcatitlan regresa a México», 17 de septiembre de 2026: https://www.gob.mx/cultura/prensa/despues-de-casi-200-anos-el-codice-azcatitlan-regresa-a-mexico?idiom=es-MX
[2] Sergio Sánchez Vázquez y María Angélica Galicia Gordillo, El Códice de San Salvador Tizayuca, Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, primera edición electrónica de 2023: https://repository.uaeh.edu.mx/books/131/
[3] Proyecto Amoxcalli, facsímil y estudio del documento 419_5: https://www.amoxcalli.org.mx/codice.php?id=419_5 — Mapa 419_6: https://www.amoxcalli.org.mx/codice.php?id=419_6
[4] Gobierno de Tizayuca, publicación sobre el Festival de Fomento a la Lectura y la Cultura Huehue Huitzilíhuitl 2026: https://www.facebook.com/GobiernoDeTizayuca/posts/ya-ha-comenzado-la-6%C2%AA-edici%C3%B3n-del-festival-de-fomento-a-la-lectura-y-cultura-de-/1358771609787255/
[5] Sistema de Información Cultural, Secretaría de Cultura, ficha del Festival Internacional de Poesía Ignacio Rodríguez Galván: https://sic.cultura.gob.mx/ficha.php?table=festival&table_id=1323

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